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jueves, 6 de enero de 2011

La Cordura , La Sensatez , La Ternura y Lo Conveniente

Es muy importante Actuar siempre de acuerdo a lo que es Conveniente.
Lo que es adecuado con mucha delicadeza.
Actuar de una manera muy rigurosa y Sensata
Con Calma y Tranquilida

Es la mejor manera de transitar por un mundo en el que hay Mucha Tensión.

Vivimos en un mundo en que hay mucho malestar.
Mucha Ansiedad
Mucha Ira
Mucho Rencor
Mucho Desconocimiento
Muy poca calma
Muy poca Ternura
Muy poca Tranquilidad

Para compensar esta realidad.
Hay que poner tranquilidad.

Me Has Tomado en Tus Brazos y Me has dado Salvación

Me has tomado en tus brazos
y me has dado salvación,
de tu amor has derramado
en mi corazón,

No sabre agradecerte
lo que has hecho por mi,
solo puedo darte ahora,
mi canción.

Yo te doy gracias,
gracias Señor,
gracias mi Señor Jesús,
//Gracias, muchas gracias Señor,
gracias mi Señor Jesús.//

En la cruz diste tu vida,
entregaste todo hay,
vida eterna regalaste al morir.

Por tu sangre derramada,
ante el trono celestial,
puedo entrar confiadamente ante ti.

Para darte las gracias,
gracias Señor,
gracias mi Señor Jesús,
Gracias, muchas gracias Señor,
gracias mi Señor Jesús.

La DETERMINACIÓN , La TERNURA y EL AMOR

- La Determinación, también llamada Fuerza. Se refiere al hecho de que en muchos momentos necesitamos ser firmes, luchar por lo que queremos, resistir un poco más.

- La Ternura o Compasión. Sería el hecho de poder conectar con los demás, de empatizar, de ser realmente humanos con los demás.

- El Humor. Nos referimos a la capacidad de relativizar las cosas, de reírnos, de no tomarnos todo lo que nos sucede tan a pecho.

La cuestión es tener la tres. La fuerza sin ternura se convierte en agresividad. La ternura sin fuerza, nos vuelve “flojos” o demasiado blandos. Ambas sin humor, dan arrogancia y exceso de “creer que tienes la razón”.

Para conectar y trabajar con estas energía internas, se puede hacer de diversos modos. Uno, como ya he nombrado es en estado de trance, muy efectivo y rápido. También hay otros ejercicios que lo facilitan dentro del mundo de la PNL. Y otra alternativa es con ejercicios corporales, dinámicas que nos ponen en contacto con esas energías. Si nos conocemos un poco a nosotros mismos, sabremos cuáles nos hace falta trabajar más y cuáles tenemos ya suficientemente.

Algunos pensarán que todo esto es demasiado esotérico. Que de dónde he sacado esto de las energías arquetípicas!!. Para esos más escépticos, os dejo con las palabras de Carmen Iglesias, en la entrevista que le han realizado en la Contra, que es catedrática de Historia de las Ideas Políticas y Morales:

Habitos de Felicidad

-Esforzarte Más
-Esforzarte Mejor
-No te quejes
-Actitud Positiva
-Ganas de crecer
-Objetivos muy Claros
-Tus Hobbies
-Alegria
-Sonrisa
-Ternura

Reinald Gimeno

Reinald Gimeno: «No hay dinero que compense la tristeza y el mal humor»
Jueves, 6 de enero del 2011 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
NÚRIA NAVARRO
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Era uno de esos ejecutivos atrapados en reuniones y aeropuertos. Durante 19 años Reinald Gimeno se dejó la piel en hoteles de lujo -el Claris, el Princesa Sofía, el Ra y La Mola, junto al Real Club de Golf El Prat, entre ellos-, pero se hartó de la presión y de no ver crecer a sus hijos. El pasado septiembre, como el escribiente de Melville, optó por apearse. Y se puso al frente de una pequeña zapatería a dos pasos del Mercat de Sant Antoni.
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GUILLERMO MOLINER
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Información publicada en la página 64 de la sección de Contraportada de la edición impresa del día 06 de enero de 2011 VER ARCHIVO (.PDF)

-El mundo de los hoteles me hacía ilusión desde que vi aquella serie titulada Hotel, ¿recuerda?

-¡Ya lo creo! Con James Brolin y Connie Sellecca al frente.

-Así que estudié Turismo en los jesuitas de Sarrià y, como me interesaba la rama comercial de la hostelería, hice un máster de dirección de márketing en Esade. Y en 1992 empecé a trabajar en la apertura del Hotel Claris de Barcelona. Allí me quedé tres años como comercial.

-Luego, fue escalando y escalando.

-Del Claris me fui a Centrohotel Minotel, luego al Princesa Sofía Intercontinental; estuve de director de ventas del Hard Rock Café -llegué a llevar la sedes de Barcelona y Madrid a la vez-. Después recalé en Hoteles Catalonia como director de ventas internacionales, y salté al maravilloso Hotel Ra, del grupo Amrey, como director de márketing y ventas.

-Se convirtió en un superejecutivo.

-Tras mi paso por el Ra, encontré trabajo como director comercial y de márketing del complejo La Mola, en el Real Club de Golf de El Prat, entre Sabadell y Terrassa. Dirigía a un equipo de nueve personas y me ocupaba de los mercados nacional e internacional. Pero en España empezó la crisis galopante...

-Y llegaron los nervios.

-La demanda bajaba y aumentaba la oferta. Había que hacer todo lo posible para vender. Recibía mucha presión, pero también yo la transmitía al equipo. Antes de la crisis nunca había sido una persona déspota, jamás, pero en los últimos tiempos mi actitud no era la misma...

-¿Malos tiempos para los escrupulosos?

-Digamos que es un mal momento para tener corazón.

-¿Qué sentía exactamente?

-Tristeza, desmotivación, mal humor. ¡No hay dinero que compense todo eso! Estaba al filo de los 40 y tenía dos hijos, de 9 y 5 años, a los que apenas veía. Me los estaba perdiendo. Llegó un momento en que se me agrió el carácter, que iba hacia abajo... Podía haber pagado horas de terapia, pero tampoco disponía de esas horas. Algo dentro me decía que debía intentar un cambio.

-Eso le pasa a la inmensa mayoría, pero pocos dan el salto.

-He pasado muchas noches sin dormir, ¿eh? Hasta que llegó un día en que me dije: «Lo tengo que hacer». La suerte es que conté con el apoyo de mi mujer y de mi tío, que ha estado a mi lado cuando la moral flojeaba.

-El cambio se tradujo en una zapatería de 40 metros en Sant Antoni.

-Jean-Pierre, un establecimiento de calzado para pies delicados de la calle de Borrell que lleva 23 años abierto y tenía ya una clientela hecha. Creo que cualquier comercio con futuro pasa por la especialización.

-¿Por qué eligió los zapatos?

-Siempre me gustaron. Tengo muchos, más de 50... Y los anteriores propietarios, muy generosos, me enseñaron todo lo que debía aprender durante el verano. Me sé los huesos de los pies, cómo se cose un zapato... Sé que saldré adelante.

-Tiene mucha confianza en sí mismo, ¿verdad?

-Eso sí lo tengo. Pero también ayuda mi trayectoria familiar: nací en una familia de comerciantes. Mis recuerdos de infancia están asociados a la pastelería Gimeno, que mi abuelo abrió hace 60 años, y a la mercería Elena, fundada por mi abuela. Ha sido como desenterrar algo que estaba en mi inconsciente.

-¿Qué cosa estaba ahí?

-Estos días pienso mucho en la abuela. Vino de Cañada de Verich, en Aragón, sin dinero y con un hijo pequeño, pero tenía una idea muy clara: no quería depender de nadie. Lo tuvo muy difícil, pero con voluntad y sacrificio salió adelante y estuvo toda la vida orgullosa de su mercería. Me enseñó que el esfuerzo tiene compensación.

-¿La tiene?

-Siento una mezcla de liberación, alegría, incertidumbre. Cuando estoy solo o recuerdo el sueldo que cobraba pienso: «¿La habré cagado?» Pero me dura poco. La verdad es que me siento como un niño con zapatos nuevos. Hacía tiempo que no vibraba, que no estaba contento. El primer par de zapatos que vendí me produjo una inmensa satisfacción.

miércoles, 5 de enero de 2011

Las Enfermedades Mentales

Ansiedad...15%
Depresión...10%
Esquizofrenia...3%
Impulsividad, Ira....5%
Pasotas y Pasivos...10%
Miserables......25%

La cosa esta muy preocupante.

Isabel Palomeque: Valorar lo que Tienes!!!!

El 11 de Enero de 2010 Isabel Palomeque aparecio en la contraportada de La Vanguardia, no os cuento mas que ahi ella lo expresa todo muy claro.
“Tengo 30 años. Nací y vivo en Barcelona. Estoy diplomada en enfermería y tengo un posgrado de electrocardiografía y UVI. Vivo sola. Colaboro con la productora Alta Realitat como bailarina de danza contemporánea. Soy política y espiritualmente agnóstica.

o era una enfermera vocacional, trabajaba en el Centro Y Cardiovascular Sant Jordi, comenzaba a realizar mis primeros servicios en la UVI. Estaba llena de ilusiones, pero…

Cambió su vida en un segundo.

Sí, en una cena con compañeros de trabajo me sucedió lo que jamás pensé que pudiera sucederme: un súbito dolor de cabeza, mi brazo y mi pierna derechos se bloquearon, me quedé sin habla, caí al suelo entre convulsiones y perdí el conocimiento.

Fue operada a vida o muerte.

Desperté 13 días más tarde. No sabía dónde estaba ni qué me había pasado. No entendía nada, no reconocía a nadie, estaba llena de tubos y conectada a un respirador. Recuerdo el frío glacial de las sábanas.

Un ictus.

Mi despertar a la vida fue trágico: hemipléjica, totalmente dependiente, incapaz de controlar mis necesidades y sin poder hablar. Toda mi vida, mi futuro y mis relaciones personales se evaporaban.

…

Me quedaban la familia y unos pocos amigos que también lentamente se fueron retirando de mi vida.

¿Qué edad tenía?

Veinticuatro años. Así, de repente, pasé de ser enfermera a paciente.

¿Entendió cosas de los pacientes?

Sí, que en esa circunstancia somos todos iguales: el gran cirujano y el indigente.

¿Cómo le trataron?

Mi estancia durante un mes en una planta de neurología fue algo muy parecido a un infierno. En la UVI contraje una enfermedad infecciosa y sufría las consecuencias del peor diagnóstico precoz, que se resume en cuatro palabras: “No atiende a órdenes”. La atención técnica era muy eficaz, pero humanamente…

¿No?

El equipo médico me salvó la vida, pero luego parecían completamente ajenos al hecho de que la persona salvada había sido condenada a una cadena perpetua de enormes repercusiones psicológicas.

¿Cómo trataron a su familia?

Mi familia debía suplicar los informes de evolución. La desorientación y la ignorancia sobre cómo afrontar el futuro inmediato eran desesperantes.

Un año sin poder comunicarse. ¿Qué le pasaba por la cabeza?

Rabia, que es espantosa, yque todavía arrastro, porque no poder explicarte es muy frustrante. Todo enfermo grave pasa una temporada de negación. Luego lo aceptas y te das cuenta de que el mundo sigue girando contigo o sin ti, de manera que hay que tragar saliva e ir a por él.

¿Ha tenido ayuda psicológica?

No, ni he tomado ningún tipo de fármaco antidepresivo. La familia ha sido lo esencial: mis padres, mis dos hermanos. El ictus es un terremoto emocional que separa o une, en nuestro caso ha formado una piña.

¿Recuerda algo del coma?

Un sueño: estaba en el aeropuerto con mi maleta, subida a la cinta transportadora, llorando y despidiéndome de mi familia. “¡Adiós, adiós! – les decía-.Nos volveremos a ver quién sabe cuándo”. Al final de la cinta transportadora había un túnel.

¿Lo cruzó?

No, me llamaron por los altavoces: “Señora Palomeque, en cinco minutos sale el vuelo”. “¡No llego, no llego!”, pensaba… Y desperté.

¿Un viaje agradable o desagradable?

Agradable, toda la familia se quedó atrás llorando, y yo les decía: “No os preocupéis, que los gatos tienen siete vidas y yo estoy en la primera”; eso decía mi subconsciente.

¿Le ha cambiado el carácter?

Ahora veo a la gente diferente, la veo a toda por igual, y antes quizá era más clasista. Procuro no tener miedo y mantener el ánimo alto. He hecho vuelo sin motor, salgo a cenar, a bailar. La vida se ha convertido en un reto, soy mucho más decidida.

¿Ha hecho nuevos amigos?

Sí. Salvo algunas excepciones, antes del ictus y después del ictus son vidas diferentes.

¿Cuál es su ilusión?

Ser útil dentro de mis limitaciones. No puedo fijar mi atención de forma continua; aunque cada vez lo hago mejor, me cuesta expresarme, pero me gustaría hacer algo por los demás sin más remuneración que la de ser aceptada como miembro activo de la sociedad.

¿Cuándo empezó a bailar?

Llegué al centro de rehabilitación en silla de ruedas, al cabo de un año empecé a decir frases más o menos coherentes y logré desplazarme de forma autónoma, aunque por el momento no he recuperado la movilidad del brazo y la mano derechos. Pero en cuanto pude hice un taller de danza integrada con Jordi Cortés.

… Ahora es una profesional.

Poco después me llamó para que participara en su espectáculo Vitriol.No me lo podía creer. Me levanto a las siete y media con una sonrisa, me gusta hacer bolos, me encanta esta obra, estoy ilusionada.

¿Ilusionada?

Hoy las cosas pequeñas me dan grandes alegrías. He aprendido a vivir el momento, carpe diem.Antes todo estaba en el futuro. Llevo un aparato ortopédico en una pierna para sostener el equilibrio y ese ha sido un favor enorme, un cambio radical, algo fantástico para mí, no se lo imagina. Pero ojalá a nadie le sucedieran estas cosas.”

Enhorabuena Isabel!